Postboda en El Rocío

La Historia de Abraham y Ana

Imagina el momento: la boda ya pasó, el estrés de los preparativos ya es historia y, de repente, te ves con el vestido y el traje puestos paseando en las Marismas del Rocío, delante de la Madre de Dios, con el sol derramándose como miel sobre los pinos susurrando y un caballo mirándote como si fueras el invitado más elegante que ha visto en su vida.

Eso fue exactamente lo que pasó. A Abraham y Ana. Y yo, con la cámara al hombro y una sonrisa de oreja a oreja, Fui (y soy) un auténtico privilegiado por haber estado presente.

El Rocío, la casa de la Madre de Dios.

El Rocío no es un sitio. Es una forma de vivir. Arena, pinos, ese aroma inconfundible a romero, el rumor de la marisma al atardecer…

Cuando Abraham y Ana me escribieron diciendo “queremos algo diferente, algo nuestro para el reportaje de postboda”, supe al instante dónde teníamos que ir. Ellos querían presentarse ante la Reina de las marismas de la mejor manera. Nada de parques urbanos ni playas masificadas. Aquí se respira Andalucía pura, esa que te hace sentir vivo y un poco salvaje. Y así lo hicimos.

Llegamos a última hora de la tarde, cuando la luz se vuelve dorada y todo parece envuelto en miel. Ana, con su vestido largo de novia todavía impecable (benditas las novias valientes), y Abraham, que no quería ponerse corbata –porque en El Rocío la corbata sobra–, se miraban como si el mundo se hubiera parado para ellos solos.

Entre risas miradas que lo dicen todo

Hubo momentos para todo.

Caminamos entre los pinos, nos metimos hasta el corazón mismo de la marisma, descubriendo las zonas más bonitas de ese espectacular entorno: puente del Ajolí, el paseo, incluso visitamos la ermita (no podía ser de otra manera…), y nos encontramos una pareja de perritos muy simpaticos…

Por qué una postboda es el mejor regalo que te puedes hacer

Mira, el día de la boda es una locura preciosa: nervios, tíos lejanos que no veías desde la comunión, el primo que siempre pide reggaetón… No da tiempo a nada.

La postboda es otra cosa. Es volver a ponerte el vestido sin prisa, es miraros como el primer día, es reíros de verdad sin pensar en el siguiente brindis. Es tener fotos que no son solo bonitas: son vuestras de verdad.

Abraham y Ana lo entendieron perfectamente. Y ahora tienen un reportaje que no es solo un recuerdo: es una pequeña película de amor con banda sonora de grillos y olor a jara.

¿Y tú? ¿Te animas a vivir la tuya?

Si estás leyendo esto y te ha entrado el gusanillo, no lo ignores.

Una postboda en El Rocío (o donde tú quieras) es el broche perfecto para tu historia de amor.

Escríbeme. Cuéntame quiénes sois, cómo os conocisteis, qué os vuelve locos. Yo me encargo de encontrar el sitio perfecto y de que salgáis riéndoos en el 90% de las fotos (el otro 10% serán esas miradas intensas que hacen que se me caiga la baba).

Pincha aquí y reserva tu sesión postboda antes de que el calendario se me llene (que se llena, eh).

Escríbeme aquí para que podamos hablar.

Porque las historias como la de Araham y Ana no se repiten… pero la tuya sí puede ser la siguiente.

¡Venga, anímate! Te espero con la cámara cargada y muchas ganas de reírnos juntos.

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